lunes, 31 de agosto de 2015

Sobre el neoliberalismo de Milton Friedman


Neoliberalismo es una de las palabras más taquilleras de nuestros días -aunque ciertamente no llena tantos estadios como la palabra sexo. Su significado preciso cambia de acuerdo con quien la enuncia, pero suele ser asociada con una serie de medidas políticas tendientes a reforzar el ámbito de acción del libre mercado frente a la intervención del estado en la economía. Siendo tan extenso el tema, limitémonos a hablar aquí en rasgos generales sobre la economía como la entendió Milton Friedman a quién suele considerársele el padre del neoliberalismo.


     Es muy importante entender que no todos los capitalismos son neoliberales. De hecho la mayoría de las políticas económicas seguidas por los países capitalistas tras la segunda guerra mundial incluían medidas intervencionistas como la operación de empresas por parte del estado o el monopolio del estado sobre varios mercados. Aspectos estos que entre otras cosas implicaban una gran cantidad de ceros en las cuentas de los gastos públicos. En los años 60’s, en un contexto en el que la mayoría de los economistas occidentales defendían esta manera de diseñar políticas económicas, Milton Friedman defendió tenazmente la idea de que mientras más libre comercio hubiese y menos intervención estatal, mayor sería la eficacia de la economía. 

     Friedman observó que los gobiernos intervencionistas tendían a gastar más dinero del que eran capaces de recaudar por medio de impuestos. Lo que los llevaba a adoptar medidas como pedir prestado dinero e imprimir más billetes para poder pagar sus cuentas. Hacer billetes ciertamente aumentaba la cantidad total de papeles con numeritos, pero no significaba que la riqueza de la sociedad estuviese aumentando. Para Friedman, esta disociación entre la cantidad de billetes y la riqueza era una causa importante de la inflación.  
     
     Existía sin embargo una razón que Friedman consideraba de más peso para fomentar el libre mercado por sobre la intervención estatal: la defensa de la libertad individual. Él creía que la libertad económica iba de la mano con la libertad individual. Pues consideraba que el poder del estado para cuartear la libertad de las personas aumenta en la misma medida con la que crece su fuerza sobre la economía. Además de ser un liberalista económico, era también un liberalista político.


     Friedman creía pues que los únicos valores importantes para que una sociedad se mantuviese saludable son aquellos que rigen las relaciones entre las personas. Es decir, aquellos que son relevantes para organizar los sistemas de gobierno y también el libre mercado, en lugar de aquellos que dirigen la vida íntima de cada quien. Los valores positivos eran para él estructurales más que normativos.


      Para Friedman el valor fundamental de una sociedad no consiste en hacer el bien –aquello que a nuestro parecer es lo bueno- a las personas con independencia de que éstas hayan o no hayan solicitado nuestra ayuda. Según él, ayudar a alguien sin que lo pida es una forma de imponer nuestros valores sobre las preferencias de otra persona. Tampoco sería viable obligar a todos en una sociedad a hacer aquello que unos cuantos creen que está bien. 

     De acuerdo con Friedman el valor fundamental que debe regir las relaciones entre las personas es el respeto a la dignidad y a la individualidad de cada ser humano. No debemos ver a las personas como objetos que pueden de ser manipulados de acuerdo a nuestros intereses o creencias, sino ver en ellas a gente racional como nosotros con sus propios valores morales y sus propios derechos. Ver en el otro a una persona con quien podemos discutir y a quien podemos intentar persuadir, pero nunca forzar a pensar como nosotros, nunca obligar a callar sus opiniones.


     Por eso sorprendió, y aun sorprende a más de uno, que la primera vez que las ideas de Friedman fueron aplicadas a un sistema económico haya sido en el Régimen Militar Chileno precedido por Augusto Pinochet. El régimen de Pinochet (quien llegó al poder en 1973 tras orquestar un golpe de estado contra el régimen socialista del presidente Salvador Allende elegido en las urnas en 1970) tuvo como prioridad detener las reformas comunistas iniciadas por su antecesor y organizar una economía de tipo capitalista fundada sobre las bases de un gobierno fuertemente intervencionista. Es importante recalcar que aplicar las ideas de Friedman no fue la primera opción de Pinochet.


     Cómo se puede ver en la gráfica de abajo, la economía de Chile resintió severamente las reformas emprendidas por Allende los primeros años de su mandato y su condición empeoró tras el golpe de estado de Pinochet. Preocupado ante el pésimo desempeño de la economía, el despreciable dictador mandó llamar en 1975 a unos economistas de la Universidad Nacional de Chile y la Universidad Católica de Chile para que encontraran la manera de echar a andar la economía. Estas instituciones tenían desde los años anteriores al golpe un convenio con la Universidad de Chicago para facilitar el intercambio de profesores y estudiantes. Por eso varios de sus economistas habían sido alumnos de Milton Friedman y fueron conocidos como los chicago boys.  


File:GDP per capita LA-Chile.png 
Fuente: wikipedia
     Con todo y que las reformas económicas chilenas fueron impulsadas en un ambiente de corrupción y poca transparencia, lo que dio lugar a abusos de autoridad y monopolios, al año de aplicadas la economía chilena despuntó. Estas medidas incluían acciones tales como buscar la liberación del mercado, la apertura de las fronteras comerciales internacionales, privatizar empresas paraestatales y reducir de manera dramática el gasto público. El éxito económico de Chile ayudó a aumentar el prestigio de la teoría de Friedman conocida como monetarismo y fue uno de los tantos factores que contribuyeron a que fuera adoptada como política económica de los gobiernos británico y estadounidense de los años ochenta. Es un prestigio que en cierta medida conserva hasta la actualidad.


   Es importante destacar que fueron los chicago boys los cerebros detrás de la reorganización de la economía chilena, y no precisamente Milton Friedman. También es cierto que dos años tras el golpe militar Friedman viajó a  Chile, aunque según su propio testimonio fue con propósitos puramente académicos y aparentemente dio una conferencia en la universidad chilena que hablaba precisamente sobre el peligro a la libertad que implicaba un gobierno militar centralizado; además Friedman nunca pronunció palabras a favor de la Junta Militar Chilena. Pero es innegable que los chicago boys consultaron en varias ocasiones a su maestro y que Milton escribió tras su visita a Chile una carta a Pinochet incitándolo a aplicar las medidas de sus discípulos, carta que el propio Milton publicó en la autobiografía que escribió junto con su esposa.


     Sin duda el suceso chileno nubla la imagen de Friedman como liberal ¿Por qué Friedman decidió aconsejar a Pinochet aunque fuese solo en una breve carta enviada desde Chicago? Es muy difícil saberlo. Tal vez pensó que las leyes económicas se deben aplicar por igual a todas las economías independientemente de sus ideologías políticas, o tal vez creyó que impulsar el liberalismo económico era la herramienta a su alcance para contribuir a debilitar el régimen autoritario de la Junta Militar. Después de todo él fue el autor de Capitalismo y Libertad. De ser esto cierto ¿Creer que el libre mercado es una condición para la formación de estados liberales justificaría apoyar la liberación económica en países autoritarios? Al final, el régimen de Pinochet se desvaneció catorce años después de haber aplicado las reformas monetaristas, pero nadie sabe a ciencia cierta por qué desapareció o si las reformas económicas tuvieron algo que ver en ello.

     ¿Cuál es la relación entre libertad política y libertad económica? Nadie lo sabe. Ha habido dictaduras con y sin capitalismo y hasta la fecha ninguna democracia liberal (defensora de garantías individuales y derechos humanos) ha existido sin capitalismo. Sin embargo, no podemos predecir que en el futuro se mantenga esta afirmación. La inducción tiene sus límites.


     En lo que respecta a Chile, las ideas de Friedman han sido la directriz de sus políticas económicas aun después de la transición a la democracia. Aunque veintiún años de políticas económicas dirigidas por gobiernos de centro izquierda han sabido matizarlas. Al día de hoy Chile es uno de los tres países con  mayor crecimiento económico en América Latina, y aunque el crecimiento de la desigualdad es un problema que debe resolver, también es el tercer país con mayor porcentaje de clases medias en la región y el segundo con menor cantidad de gente viviendo en la pobreza. Estos datos son importantes, pues aunque la riqueza ciertamente no da la felicidad al menos debe contribuir a disminuir la miseria. 

     Lejos de ser el origen de todos los males del mundo moderno como dicen algunos, o la panacea a todos nuestros problemas como otros pregonan, el neoliberalismo es un complejo fenómeno del mundo que habitamos y sus temáticas desbordan por mucho el pequeño espacio que le podemos dedicar en esta entrada. Para entenderlo es necesaria una mente abierta y crítica, pero sobretodo curiosa, esmerada y que evite caer en simplismos maniqueos. 
mmm 

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Para ver más: 
Carta de Milton Friedman a Pinochet: http://www.elcato.org/milton-friedman-y-sus-recomendaciones-chile y en inglés http://genius.com/Milton-friedman-letter-to-president-augusto-pinochet-annotated

Una entrevista con Milton Friedman sobre el asunto de Pinochet: https://www.youtube.com/watch?v=OcyQn9c0ujU

domingo, 30 de agosto de 2015

¿Emoticones de colores en contra del racismo institucional?

A partir de la actualización 8.0 del Estándar Unicode, podemos seleccionar entre cinco diferentes colores para representar tonos de piel en los emoticones; es decir, los emojis que representan expresiones faciales o posturas del cuerpo. Podemos acceder a los modificadores de color haciendo click en un “emoticon default”, el cual es de un “color irreal” para la piel humana: en este caso color amarillo pollito. Supongo que, a menos de que tengamos una ictericia severa, probablemente no nos sentiremos representados por los emoticones default. 


Por ejemplo, en esta imagen el emoticon default es de un "gris irreal".


Fuente: Unicode Standard Report

     Para seleccionar los cinco colores que representan los tonos de piel, el Consorcio Unicode, se basó en la “escala Fitzpatrick”. La cual fue desarrollada por el dermatólogo americano Thomas Fitszpatrick para clasificar la respuesta típica de diferentes tonos de piel a la luz ultravioleta. Cabe mencionar que, de los seis tipos de tonos de piel, el Estándar Unicode a fusionado, por su similitud en la escala de colores, el tipo I con el II. 


          Si bien, el Consorcio Unicode no lo expresa explícitamente, el hecho de escoger una clasificación desvinculada de caracterizaciones culturales, así como un emoticon default “neutral” nos podría estar hablando de una precaución detallada, por parte de la organización, para no caer en una decisiones que puedan ser juzgada de racista. Es decir, en la vinculación de rasgos corporales externos (como el color de piel) o internos (como la sangre) con una supuesta naturaleza cultural y conductual de los grupos sociales, que resulta en prácticas de jerarquización, inferiorización y/o exclusión. 

        El Consorcio Unicode declara que su objetivo es lograr, en su sistema de codificación de pictogramas, una mayor representatividad de la diversidad humana. Si bien, el color de piel no es el único rasgo por el cual los grupos humanos pueden asociarse y/o diferenciarse, tiene un fuerte peso simbólico y político. El tono de piel ha sido uno de los más potentes marcadores, por el cual históricamente se ha jerarquizado a los grupos sociales en un espectro en el que el blanco corresponde a un pensamiento, moral y cultural superior y el negro a uno inferior.

    El sociólogo francés, Michel Wieviorka ha propuesto que el racismo explícito y sistematizado en políticas de explotación e incluso exterminio se fue desarrollando con el proceso de colonización y alcanzó su pico con el holacausto nazi. Para este pensador el racismo en su versión “clásica” surge de un doble movimiento: la expansión europea (colonización e imperialismo) aunada a la gestación de fuertes nacionalismos europeos. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial comenzó un proceso profundo de deslegitimización del racismo en su versión “clásica” e incluso “científica”. Sin embargo, deslegitimización no implica desaparición. En la época contemporánea seguimos sorprendiéndonos con brotes de racismo en su versión clásica. Cabe recalcar que el apartheid en Sudáfrica inicia a mediados del siglo XX y concluye en 1994, cuando por primera vez en la historia del país la población negra ejercicio su derecho al voto.

       Para los fines de este comentario me interesa más el mecanismo del  “racismo institucional”. Una propuesta de Stokely Carmichel y Charles Hamilton, dos defensores de los derechos civiles de los afroamericanos. En su libro, Black Power: the Politics of Liberation in America proponen que, si bien, el racismo en Estados Unidos puede ser explícito también se reproduce de manera más sutil pero no menos peligrosa. Para Carmichel y Hamilton el racismo institucional es un mecanismo social estructural, que implica la discriminación rutinaria a la población negra en los ámbitos más diversos: los medios de comunicación masiva, la escuela, la cárcel, la calle. Este mecanismo no es consciente ni se expresa explícitamente en el discurso público. Permite una buena conciencia compatible con convicciones racistas.

        Los famosos comics sobre el  “white privilege” (privilegio blanco) ejemplifican este concepto:




Fuente: http://www.liberalamerica.org/2014/01/24/comic-strip-explains-white-privilege/

      Si bien la organización Unicode en su discurso no asume una postura explícitamente antirracista, en la práctica puede contribuir a combatir el racismo institucional ¿por qué? En la actualidad, el “Estándar Unicode”, es el sistema universal de codificación de caracteres dominante. Incluye miles de caracteres de uso común y con cada actualización ha ido agregando más. Ha codificado lenguas vivas y muertas así como sistemas no alfabéticos: símbolos matemáticos, musicales y ¡emojis!  Es una sorpresa que a partir del 2015 podamos acceder a marcadores de color para representar variados tonos de piel. Sólo tuvieron que pasar cinco años desde la incorporación en 2010 de los emojis japoneses al Estándar Unicode para este avance.

        El estándar Unicode está presente en la mayoría del software que utilizamos todos los días y entre sus miembros principales, hasta el 2014, resaltan empresas como Adobe Systems, Apple Inc., Google Inc., IBM Corporation, Microsoft Corporation; gobiernos como el de la India, Bangladesh y Pakistán y universidades como la Universidad de California en Berkeley. 

        Muchas de esas empresas juegan un rol hegemónico en la comunicación masiva y ésta última afecta significativamente nuestra vida personal. Todos los días, a través de la televisión, el periódico, las revistas, las películas y los anuncios publicitarios nos vemos envueltos en una ráfaga de imágenes y discursos en los que el cuerpo se torna central. A pesar de que el tipo de cuerpo seleccionado varía con los tiempos y con las regiones, en los medios locales predomina un cuerpo blanco, delgado e incluso joven y sexualizado. En consonancia con este fenómeno podemos entender, en parte, otros como el incremento de las cirugías estéticas, de problemas alimenticios y de imagen corporal (como la anorexia, la bulimia y la vigorexia), pero también nos ayuda a entender una de las maneras por el cual sigue existiendo un racismo tácito a grupos sociales que no portan el cuerpo con los rasgos estereotipados. Mientras más representación de personas, con diversos tonos de piel, formas de cabello, estatura …, encontremos podremos asumir de manera más natural que nuestras diferencias de pensamiento no radican en cómo nos vemos.

martes, 25 de agosto de 2015

Sobre eso que llaman la democracia verdadera


Navegando como de costumbre por las ajetreadas aguas de la prensa cibernética encontré un librillo publicado por La Jornada con motivo de la apertura de la Embajada de Estados Unidos en Cuba. Ojeando su contenido encontré un artículo de Pablo González Casanova un nombre que reconocí por que alguna vez leí uno de sus libros. Atraído por su nombre, no pude evitar que mi ceja diera un salto quilométrico al leer el título de su artículo: Cuba es humanidad. Sabía que Casanova es un intelectual de izquierda, pero admito que no estaba al corriente de que el autor fuese un admirador de la izquierda comunista. 


                La curiosidad me atrapó en la lectura y mi desilusión con respecto al autor se fue incrementando más y más conforme mi mente pasaba de un párrafo al siguiente. Es sorprendente lo lejos que el señor González ha dejado su actividad crítica cuando se trata de hablar del gobierno cubano. Reconozco que la isla en cuestión tiene uno de los mejores sistemas de seguridad social y de alfabetización de América Latina. Pero de allí en fuera, casi todas las demás afirmaciones que el autor hace sobre la isla caen en el error, en la mentira o en la hipérbole. Sus errores van desde cosas tan pequeñas como afirmar que Cuba es el único país comunista que sobrevive en el mundo -¿Yo me pregunto de aquí a cuando Corea del Norte cambió su organización política y económica que no me di cuenta?- Hasta cosas que me parecen más graves como el afirmar que Cuba le enseñó al mundo como se construye una “verdadera democracia”. 


               Una crítica completa requeriría más espacio del que hay en este blog. Limitémonos entonces a contestar la pregunta ¿A qué fenómeno se referirá el autor cuando usa la palabra democracia en dicho artículo? 

         Ciertamente dudo que su idea sobre la democracia incluya los fenómenos de libertad de expresión, de prensa,  de asociación política, de la libertad de emigración y de voto libre pues todos ellos brillan por su ausencia en la isla (incluso desde antes de que Fidel fuese su presidente). En la mente de Pablo González la democracia parece ser asociada a un gobierno todo inteligente y bondadoso, que sabe lo que “la gente” debe querer y lo que “el pueblo” necesita y por lo tanto no tiene necesidad de consultarlo. Además, al estar todas sus decisiones basadas en el conocimiento de las necesidades verdaderas de la gente, sus ideas no pueden ser criticadas y mucho menos en público, pues las personas comunes son presa fácil de engaños y podrían fácilmente ser confundidas por malignos conspiradores capitalistas que buscan sembrar semillas de duda y desestabilizar el bondadoso sistema comunista. Según lo que puedo inferir de su artículo, este es el fenómeno que Gonzáles tiene en mente al hablar de democracia verdadera y el buen gobierno. Un sistema político en donde no hay lugar para la duda. 


                La creencia utópica de que los gobiernos pueden ser presididos por personas infinitamente sabias es una idea simplista y a mi parecer muy perniciosa. La idea es simplista porque ningún gobierno humano podrá ser presidido nunca por un dios, un ángel o cualquier otro ser infinitamente sabio simplemente porque esos seres no existen. Nos guste o no, los gobiernos humanos son organizados y presididos por humanos, y no existen los humanos infinitamente sabios. Todas las personas comentemos errores, todas podemos estar equivocadas y de hecho nos equivocamos a menudo. Por eso es sabio escuchar a nuestros críticos. 


Es perniciosa porque resulta ser una buena escusa para clausurar las libertades asociadas con la expresión y la asociación política. Ciertamente ni la libertad de expresión ni la libertad política son la panacea que resolverá todos los problemas del mundo. Es muy cierto que muchas veces las voces críticas del gobierno no buscarán abrir un debate racional, sino que serán movidas por intereses económicos o políticos con miras a causar confusión en la población y desprestigiar a las instituciones y las personas que las presiden. Esto pasa y con mucha frecuencia en las sociedades liberales. Pero definitivamente también hay personas interesadas en la discusión sana y es poco cuestionable el hecho de que la discusión propiciada por las libertades de expresión y políticas ayuda a acelerar la velocidad con que una política que resultó estar equivocada puede ser detectada y cambiada. 


Otra característica de los gobiernos utópicos que resulta ser imposible es la idea de que el gobierno puede ser bondadoso. En primer lugar, porque aun en el caso hipotético de que existiese en el gobierno un grupo de personas interesadas en promover el bienestar de toda la sociedad es extremadamente poco probable que estas pudieran lograr sus nobles objetivos. Esto se debe precisamente a que no existen las personas infinitamente sabias, por lo que aun a pesar de que haya personas de buena voluntad, es difícil que tengan del todo claro qué es el dichoso bienestar de toda la sociedad y cómo hacer para alcanzarlo. 


En segundo lugar, es imposible que existan los gobiernos completamente bondadosos y justos porque todas las personas tenemos intereses de distinta índole. Algunas personas podrán dar más valor a su interés en enriquecerse y hacer dinero, otras tendrán interés en ayudar a sus parientes y amigos, otros tal vez buscarán cambiar las condiciones de su pueblo natal, preferirán ayudar a cierto grupo de personas con las que tienen mayor afinidad intelectual o simplemente defenderán cierto grupo de valores que no comparten con toda la población. Los países en los que se suprime la crítica bajo pretexto de que el gobierno vela solamente por el interés general suelen usar la idea del estado bondadoso como una perfecta escusa para silenciar las voces de intereses contrarios a los intereses personales de la gente en el gobierno. 


Esta observación de que los gobernantes siempre tendrán intereses personales de algún tipo no es mía, ni siquiera es nueva. Fue señalada hace algunos siglos por pensadores ilustrados quienes sugirieron que las leyes de un país deberían de tener entre sus objetivos primordiales garantizar la protección de los miembros de una sociedad frente a los arrebatos de abuso del poder que inevitablemente tentarían a sus gobernantes. Ellos concibieron la idea de que el poder no debía de ser adorado sino temido y por lo tanto buscaron idear formas de someter la fuerza al derecho. 

Fue así como Montesquieu concibió que no sería mala idea dividir al gobierno en tres órdenes diferentes, cada uno encargado de tareas distintas (ejecutar, juzgar o legislar) y con intereses distintos para que entre ellos se mantuvieran a raya. Así también nació la idea del Estado Garante, con poco ímpetu adoctrinador y con un poder limitado que gobernaría sobre una sociedad de individuos críticos y libres de expresarse, discutir, estar en desacuerdo y equivocarse. Un gobierno que admite no estar completamente seguro de nada, congruentemente debría de permitir espacio para la crítica y el debate.

           Ciertamente, la maquinaria de un estado garante nunca puede ser perfecta, pues no existen los humanos perfectamente sabios. Pero a diferencia de los estados utópicos, los estados garantes aceptan el hecho de que dentro de las sociedades humanas inevitablemente siempre habrá conflictos de interés y distintas perspectivas acerca de la moralidad. Karl Popper solía decir que una sociedad sin conflictos no sería una sociedad humana sino una sociedad de hormigas. Al incorporar la diferencia y el conflicto como un elemento esencial de las sociedades humanas e intentar idear vías para la negociación pacífica de las diferencias, los estados garantes han demostrado ser hasta el momento los mejores protectores de la libertad humana.  Un estado garante es algo que en Cuba no existe ni intenta existir, hecho que parece importarle muy poco a Pablo González Casanova. Supongo que dentro de su concepto de democracia no se incluye el de libertad.

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El artículo de Pablo González Casanova que se discute en esta entrada puede consultarse en http://issuu.com/lajornadaonline/docs/eucuba25082015?e=2065645/14982716 pp. 18 y 19.

sábado, 22 de agosto de 2015

¿Una derrota de la humanidad?


Cuando la población de la República de Irlanda, tradicionalmente Católica, votó en mayo pasado por el “Sí” a la legalización del matrimonio civil entre personas homosexuales, no faltó la atónita y desconcertada voz del Secretario de Estado del Vaticano que exclamaba “No solo se puede hablar de una derrota de los principios cristianos, sino de una derrota de la humanidad”.

      Estas palabras rebosantes de ignorancia me parecieron de lo más convenientes para ilustrar un punto que la gente me pregunta con frecuencia ¿Por qué me preocupo yo, una persona que no cree en ningún dios ni en otros seres sobrenaturales, por lo que dicen los jerarcas de la Iglesia Católica?

      En primer lugar, quiero dejar en claro que no me interesa lo que los jefes católicos y los católicos en general hagan o decidan hacer al interior de su Iglesia. Sí a los católicos les gusta estar afiliados a uno de los bastiones más antiguos del absolutismo en occidente, o si quieren pertenecer a una institución que rechaza que las personas homosexuales reciban aquello que se llama sacramento matrimonial, la verdad me da igual. Gracias al orden liberal más o menos bien logrado de la mayoría de los países occidentales, cada quien tiene el derecho y la libertad de pertenecer al club que prefiera. Yo hace mucho que decidí devolver mi membresía al Club de los Católicos.

      Lo que me desagrada de la actitud de dicha iglesia es su constante intolerancia hacia formas de pensar ajenas a su ortodoxia. No hace falta mencionar todo lo que dicen los padres católicos sobre los ateos, a quienes nos culpan de todo lo malo que tiene la humanidad. Su intolerancia con frecuencia silencia las voces de quienes perteneciendo a su institución deciden criticarla. Silenciar las críticas es una manera de actuar propia de los regímenes autoritarios y totalitarios.

      A mi juicio, la oposición de la Iglesia Católica y de varios de sus feligreses al matrimonio civil homosexual es una continuación de la larga lucha que dicha institución ha emprendido contra todos aquellos que desde el siglo XVI han luchado por la secularización de la sociedad. Actitud que ha llevado consigo a todos los rincones de occidente.

      Basta recordar que los orígenes de la Iglesia Católica como institución se remontan a los tiempos del emperador Constantino, quien en el 313 declaró la tolerancia al cristianismo, construyó las bases de la nueva iglesia y –en un giro de volante de 180- inició la persecución contra los paganos y cristianos no ortodoxos. Setenta años después el emperador Teodosio declararía la oficialidad de la Religión Católica y pondría fin a la ya muy limitada libertad religiosa. Entre otras cosas, los últimos Juegos Olímpicos de la antigüedad se jugaron durante su gobierno.

      Se ha discutido mucho sobre las razones que llevaron a la adopción del  cristianismo como religión oficial del Imperio y a la fundación de su Iglesia. Pero es probable que razones de tinte pragmática hayan buscado hacer de la nueva iglesia una bisagra para mantener la cohesión del imperio y el control sobre sus ciudadanos en tiempos en que la autoridad central se encontraba debilitada y desprestigiada. En sus orígenes la Iglesia Católica fue concebida en buena medida como un instrumento de control al servicio del poder estatal.  

      Hoy sabemos que el plan no fue del todo exitoso y por múltiples razones que no vale la pena discutir ahora el Imperio Romano decayó, se dividió definitivamente tras la muerte de Teodosio y la mitad occidental se hundió en una grave crisis política que la llevó a la desaparición (la mitad oriental corrió con mejor suerte y sobrevivió unos mil años más).

      Tras la caída del Imperio Romano de Occidente su Iglesia quedó envestida con el prestigio de ser la sucesora del vasto Imperio del pasado y tras la muerte de las demás instituciones centralizadas romanas la iglesia adquirió un poder bastante importante frente a los pequeños reinos y principados de Europa Occidental. Poder que solamente hacia el final de la Edad Media pudieron empezar a recuperar, mediante negociaciones y guerras, los nacientes estados europeos. No es casualidad que la reforma religiosa encabezada por Lutero haya tenido lugar en el siglo XVI, cuando las modernas monarquías europeas empezaban a consolidar su poder sobre las noblezas levantiscas medievales. A partir de entonces los gobiernos europeos empezaron a distanciar sus políticas de las decisiones papales y el Papa mismo empezó a ser visto por los reyes como un rey más del nuevo mapa Europeo. Cosa que por supuesto nunca agradó a los papas, quienes se han opuesto desde entonces y de múltiples maneras a este proceso de secularización.

      Aquellos estados que fueron los primeros en rebatir el poder de la Iglesia no serían el modelo de estado laico, liberal y garante que defendemos los humanistas. Como demuestran casos como el de la U.R.S.S, hay más maneras de llegar al absolutismo que no incluyen pasar por el camino de la religión oficial. Pero las religiones oficiales nunca han jugado a favor de los valores humanistas ligados a la búsqueda colectiva de la libertad individual. 

      Por supuesto, el que hasta el día de hoy el estado laico y los valores humanistas hayan ganado la mayoría de las batallas frente a la oposición conservadora de la iglesia -y otras instituciones con afinidades medievales- no debe procurarnos de un falso sentido de seguridad a los que estamos a favor del estado laico y el matrimonio civil libre (entre personas del sexo que sean y en las cantidades que gusten). Aunque la tendencia hasta el día de hoy en occidente ha sido hacia la laicización de la sociedad, lo cierto es que no existen tales cosas como las Leyes Históricas. Nada nos garantiza que esta tendencia se conservará en el futuro si bajamos la guardia. Lograr que se mantenga o no depende en una medida importante de las personas que hacemos el presente.

      Finalmente, sólo el tiempo dirá lo que fue bueno o malo para la humanidad. Pero la aprobación del matrimonio homosexual y la adopción monoparental en Irlanda ciertamente es un triunfo para los valores humanistas, laicos y republicanos; y un descalabro para aquellos que se adhieren a los valores autoritarios, totalitaristas y absolutistas que tanto deleitan a los jerarcas católicos.  

      Seré explícito, me opongo a la actitud de la Iglesia Católica que busca hacer que todos los no católicos acatemos los mandatos de un señor vestido de sotana blanca que se cree soberano indiscutible de las consciencias de todas las personas. Los que no queremos a su iglesia ni a las cosas que representa somos libres de rechazarla y criticarla.